escritura, extrañeza, experiencia

Durante el ciclo 2014 creamos un Taller de Narrativa como espacio curricular optativo en el Profesorado en Lengua y Literatura de la Universidad Nacional de Villa María, Córdoba, Argentina.

Este blogfolio reúne algunas de las propuestas de trabajo y de las producciones de los alumnos. Los textos de apertura de cada tarea y el diseño de las consignas corresponden a la Profesora Beatriz Vottero, creadora y responsable del taller.

7/12/14

2.2 consigna de escritura: "entre amigas"

Vamos a recuperar ahora una escena o episodio vivido con una amiga (o un grupo de amigas) durante la adolescencia o cercano al tiempo presente, donde haya sucedido una "metida de pata" o se haya generado una situación confusa que terminó de manera cómica.
Condiciones:
- la descripción del contexto en este caso deberá ser minimalista, es decir, con elementos mínimos. El propósito es que hagan el esfuerzo de escoger sólo los datos esenciales que el lector necesitará para comprender lo ocurrido, sin que sobre información pero que tampoco falte (de lo contrario el lector no percibirá el efecto divertido y a la vez trágico del episodio);
- deberá incluir un diálogo entre las amigas, que reproduzca con la mayor fidelidad lo que dijeron en ese momento.

Algunas producciones:

Ana Laura Mazuecos

Íbamos caminando por la calle casi chocándonos las caderas que empezaban a asomarnos en nuestros cuerpos de púberes. Sin apuros ni preocupaciones, mirábamos   las vidrieras de las tiendas del centro y reíamos de algunas prendas ridículas que lucían los maniquíes. Las dos teníamos los mismos gustos, que se diferenciaba un poco del de nuestras otras dos amigas que completaban “la barra”. 
Esa tranquilidad que llevábamos se rompe cuando de repente frena junto al cordón de la vereda, pero sin apagar el motor, la chata de la madre de Virginia. Nosotras quedamos casi paralizadas porque sabíamos que nuestra amiga estaba con su novio, cosa que le tenían prohibido.
-              ¿Y Virginia? – preguntó la madre con un movimiento extraño en sus cejas.
-              ¡Está con Mayra!- Respondimos a coro, coordinadas y, a la vez, como si lo hubiésemos planeado.
-              Ahh. Bueno, y¿por dónde andan?-
-              Seguro que dando vueltas por ahí, o tomando un helado. –Afirmó Luciana con más naturalidad al sentir que todo estaba siendo verosímil.
-              Bueno, díganle que nosotros ya nos vamos a casa, que no vuelva después de la siete- sonrió y después saludó mientras levantaba la ventanilla de la camioneta.
Nosotras nos contuvimos hasta que vimos la chata gris desaparecer en la esquina, después comenzamos a reírnos.
-              ¡Menos mal que Mayra no estaba con nosotras boluda!!!- Dijo Luciana.
-              Siii, meenos mal. Ya veo que vuelve a pasar y nos vuelve a preguntar. Uh, mirá si pasa por la plaza y la ve- dije yo.
-              Casi me hago pis cuando me miró seria. También, esta Virginia que desaparece y no vuelve más. Debe estar a los chupones limpios aquella otra- Dijo ella, mordiéndose el labio inferior. Después, volvimos a reir.
Una media hora más tarde decidimos ir a conectarnos, pero al llegar a la puerta, Mayra salía de ese mismo lugar.
-              ¡Mayra!- Dijimos nuevamente a coro.- ¿Qué haces acá?- pregunté.
-              Vine al ciber… ¿Por? ¿Qué pasó?- cuestiono ella.
-              Es que “supuestamente” estás con Virginia.- afirmé, abriendo un poco los ojos.
Ella comprendió al instante y sin explicaciones, pues así son las amigas, se entienden. Nos quedamos las tres sentadas en la vereda charlando y riendo sin percatarnos que de la esquina y casi en silencio, aparece la chata gris con vidrios polarizados y con el sol trazándole una línea de brillo. Frenó frente del ciber y de ella se baja la madre de Virginia y se acerca.
-              ¿Y Virginia?- preguntó, nuevamente, pero esta vez con una mirada mucho más seria. -¿No estaba con vos?
-              Está adentro del ciber- Contestó Mayra, que se sentía particularmente cuestionada.
La madre inmediatamente entró al ciber.
-              ¡¿Qué?!  Fue lo único que se me ocurrió.- dijo Mayra a nuestras miradas de sorpresa.
-              ¿Y ahora qué hacemos?!- Dije yo preocupada.
-              ¡Rajemos!!!- Dijo Luli.
Nos miramos y nos levantamos rápido para salir corriendo, bajamos el cordón de la vereda, pero cuando tomamos el impulso para cruzar la calle, desde la camioneta nos saluda la mano del padre. Las tres nos miramos y nos hicimos las sonsas y nos volvimos hacia ciber. En ese momento, sale la madre de Virginia, seria. Teníamos los nervios de punta, yo por lo menos. Mayra no tuvo mejor idea que preguntar – Y… ¿Estaba?-
Hubo una pausa.
-              Si. Me dijo que se queda un rato más porque está chateando con su novio.
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Sindicato de mujeres
Gabriela Zavala

Casi todos los fines de semana nos juntábamos con Malena, mi mejor amiga. Cuando llegaba el sábado, organizábamos una mateada, una picada, un paseo por la costanera. Siempre teníamos alguna excusa para juntarnos y charlar a más no poder.
Ese sábado no fue la excepción. El viernes, cuando volví de la universidad, me llamó.
-              Male: ¡Hola, querida! ¿Cómo estás?
-              Yo: ¡Hola, zapalla! ¿Bien y vos?
-              Male: Bien, por lo menos. ¿Qué tenés que hacer mañana? ¿Mateamos?
-              Yo: Debería hacer un trabajo para la uni, pero olvidate. Ni ganas. ¿A qué hora nos juntamos?
-              Male: Venite a mi casa a las cuatro.
Y así fue.
Me llevé unos bizcochitos y ella estaba con el mate y la lengua bien afilada. Nunca iba a pensar que ese día yo metería la pata hasta el fondo del tarro.
Después de una charla introductoria sobre nuestras vidas, pasamos a la etapa del chusmerío que se iniciaba con una frase dicha por cualquiera de las dos:
-              Male: ¿Alguna novedad?
-              Yo: ¡Sí! ¡No sabés la que tengo para contarte! En realidad no sé si es tan bomba pero en la universidad es el chisme de la semana.
-              Male: ¡Contá, contá!
Malena iba a la Escuela de Bellas Artes. Ni idea tenía de mis compañeros de la universidad pero a ella le caía bien cualquier chusmerío, como cualquier amiga con todas las letras.
-              Yo: Resulta que tenemos un compañero que es un mujeriego de mierda. Se llama Gustavo. Pero debería llamarse sorete. Cambia a las mujeres como cambia de calzoncillo. Pero hace unos dos meses que está de novio formal y lo primero que pensamos fue “a ver cuánto le dura”.
Malena respondía con gestos y exclamaciones de sorpresa o de bronca. Era muy expresiva.
-              Yo: El primer mes, anduvo re bien. No se le conocía ninguna. A lo mejor le metía los cuernos a escondidas, capaz. Pero generalmente alguna se enteraba si lo hacía.
-              Male: ¿Tan boludo es?
-              Yo: Sí, un boludaso.
-              Male: ¿Y cómo sigue?
-              Yo: Bueno, cuando cumplieron un mes nos contó que le regaló flores y bombones. Y dijimos “está re metido”. Casi que nos convencíamos de que había cambiado.
-              Male: ¡Dale boluda, por qué le ponés tanta intriga!
-              Yo: ¡Es que no tiene sentido si no lo cuento así! Bueno, listo, no te cuento más.
-              Male: No, dale, seguí.
-              Yo: Bueno. La semana pasada en la uni, cuando estábamos en el comedor, Melina, una amiga nuestra, lo delató. Y se delató ella también: “Chicas, me estoy viendo con Gustavo”. “¡¡Quéeeee!!”, le dijimos. Lo tenía re oculto la guacha. 
-              Male: ¡Jodeme que no les había contado!
-              Yo: ¡No! Se ve que le daba vergüenza. Bueno. Y resulta que nos contó que hacía dos meses más o menos que se veían, mientras él estaba de novio. Y que estaba sufriendo mucho porque se estaba enamorando y él estaba meloso con la novia. Obvio que le dijimos que lo dejara, que ella se merecía algo mejor y bla bla bla.
-              Male: No, boluda. Qué feo. Pobre la novia del chico, también, que ni enterada estaba. ¡Cómo me enferman los mujeriegos!
Malena había sufrido dos infidelidades, y cuando le tocabas ese tema se encolerizaba.
-              Male: ¿Y quién es la novia? ¿La conocen? Habría que decirle para que lo mande al carajo.
-              Yo: ¡No, boluda! Si se entera mi amiga de la uni me mata. ¡Nos revienta a todas! ¡Olvidate! En realidad yo no tenía que contar nada.
-              Male: Bueno pero decime el nombre. ¿Cómo se llama?
-              Yo: Luciana Gudiño.
Y se vino la explosión.
-              Male: ¡¡¡¡Jodemeeeee!!!!! ¡Es una compañera mía! ¡Se junta con nosotras en el grupo!
-              Yo: ¡Ay, no! ¡Ay, no! ¡No le vayas a decir, Malena! ¡Ni se te ocurra!
-              Male: ¡Cómo no le voy a decir! ¡Es casi amiga mía!
-              Yo: ¡Pero yo soy tu amiga! ¡No podés cagarme así!
-              Male: ¡El novio la cagó a ella, boluda! Y aunque no sea mi amiga es mujer y entre las mujeres debemos defendernos. Si hiciéramos un sindicato de mujeres, donde ninguna pueda cagar a ninguna y nos contáramos las mentiras de los hombres, el mundo sería mejor.
-              Yo: Idealista vos, como siempre.
Y le contó. Obviamente, acordamos que no le diera datos míos. A mediados de la semana siguiente apareció Gustavo hecho una piltrafa porque se había peleado con la novia. Melina aprovechaba para consolarlo, obvio. Ahora están de novios estos dos, hace seis meses ya. Creo que al final, Malena les hizo un favor.
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Vanina Taricco

Hace varios veranos atrás, vinieron mis tíos y primos de Buenos Aires a visitarnos. Hacía mucho tiempo que no los veíamos. Recuerdo que llegaron un miércoles a mi casa y se iban el lunes siguiente, por lo cual debíamos aprovechar al máximo los días en los que nos visitaban. Como el día que llegaron se encontraban muy cansados, decidimos caminar por el pueblo pero con mis primos, Johana y Javier, a la noche ya estábamos planeando qué hacer al día siguiente… y se nos ocurrió ir a pescar a un arroyito que se encontraba cerca de mi casa.
Al día siguiente nos levantamos muy ansiosos y nos pusimos a buscar lombrices para que, luego de comer, emprendiéramos nuestro pequeño gran viaje. Comimos muy rápido y apenas mamá se fue a trabajar, nos cambiamos para irnos. Ese día había un viento que no era fuerte pero si molesto, entonces decidimos ir dos en moto y dos en bicicleta… Nuestra moto no era de las mejores ni tampoco la más grande en tamaño, creo que solo tenía acelerador y luces… y los frenos, frenaban si los presionábamos con cincuenta metros de anticipación (creo que por eso mamá no nos dejaba usarla).
Johana y yo, éramos las más grandes en tamaño y edad y por eso acordamos en ir nosotras en moto y mi hermana menor y Javi en la bicicleta. Cuando emprendimos el viaje se levantó un viento un tanto más fuerte del que había habido hasta el momento y se dificultaba un poco el viaje en la bici. Entonces se nos ocurrió atar la bici a la moto para que llegáramos más rápido. El obstáculo era que estábamos lejos de casa para volver, entonces nos pusimos a buscar por el campo algo que nos ayudase a seguir viaje. Mi prima encontró un hilo negro que parecía ser bastante grueso y fuerte y podía servirnos. Entonces atamos el hilo en la moto y el otro extremo al manubrio de la bicicleta. Estuvimos un largo rato luchando con el hilo y los vehículos hasta que lo logramos.
Retomamos rumbo nuevamente. Íbamos muy concentrados en el camino porque era de tierra y estaba repleto de pozos. Tan concentradas íbamos en la moto que nos olvidamos de que detrás nuestro venían sujetados Virginia y Javier… agarramos un desmedido pozo y cuando les avisamos a ellos… ¡ya era tarde! Ambos se encontraban empapados en tierra y con dos cañas quebradas por la mitad. Todos comenzamos a reírnos sin darnos cuenta de lo que en verdad había pasado…
-              ¿Se encuentran bien? – Pregunté.
-              ¡Sí, Vani! – Me respondieron los accidentados en medio de risas y tierra.
-              ¡Bueno! Entonces sigamos que no llegamos más.
Seguimos viaje y en pocos minutos llegamos al lugar. Estuvimos una hora pescando porque el viento ya era muy fuerte y frío, así que decidimos regresar a merendar. Y así lo hicimos. Atamos nuevamente ambos vehículos y regresamos, sin ninguna dificultad.
Al llegar a casa guardamos rápidamente la moto para que mamá no se diera cuenta que la habíamos usado y nos fuimos a bañar. Luego invitamos a otra prima a merendar con nosotros y le contamos, entre carcajadas y lágrimas de tanta risa, nuestra hazaña.
Eran las seis y media de la tarde cuando llegó mamá. Todos nos hicimos los distraídos para que no pregunte nada sobre la tarde de pesca y nuestras caras de complicidad no nos delataron. ¡Nos salvamos!
Cuando mi prima se estaba por ir, mamá la invitó a cenar junto a su familia para celebrar las visitas bonaerenses.
A la noche llegaron todos. ¡Nuestra casa estaba colmada de personas! Nos gustaba mucho sentir tantas voces juntas, tanto olorcito a familia. Ese calor hogareño era algo tan lindo, tan inexplicable… mamá nos pidió que ayudemos a acomodar las sillas y que otros vayan a buscar la mesa al garaje, en donde se encontraba la moto. Johana, Javier y yo optamos por quedarnos dentro de casa y acomodar las sillas y mi otra prima junto a Vicky, se dirigieron al garaje.
Jamás hubiese esperado una traición así… no sé si fue intencional o no. Pero me dieron muchas ganas de hacerla desaparecer.
Cuando regresan del garaje, escucho a mi prima que pregunta:
-              Vani… ¿viste la luz de la moto?
-              ¿Qué luz? ¿Qué moto? – Respondí sin entender demasiado de qué hablaba.
-              De la moto, ¿viste cómo la rompiste?
Mi mamá giró su cabeza y sentí que me irradió rayos “X” con su mirada. ¡No sabía dónde meterme! Salió corriendo hacia el garaje y de allí se sentían sus gritos.
-              ¡Dios mío, Oriana! No se te puede contar nada.
-              ¡Perdón! No fue mi intención – respondió mi prima anonadada completamente.
El demonio encarnado en mi mamá se acercaba hacia donde yo estaba… ¡lo presentí! Se venía mi fin…
-              ¡Te dije que no uses la moto! ¡Mirá si se golpeaban! – El demonio largaba humo por las orejas.
-              ¡Perdón, ma! Es que había mucho viento…
-              ¡Perdón Vani!, yo no quise decir. Pero yo puedo llevarle a mi papa la moto y el canasto de la bici. – Acotó mi prima.
-              ¿Qué canasto, Vanina? – Miedo. El demonio se estaba ruborizando demasiado.
-              ¿Qué canasto, Oriana? ¿Por qué no te callas y te sentas a comer? – respondí.
Mi prima lo único que hizo fue hundirme quince metros bajo tierra y mis acompañantes de viaje no sabían si retirarse para poder reírse tranquilos o defenderme… y optaron por la primer opción.
Esa noche nos quedamos sin “pijama party” y de la furia del demonio… ¡no me salvé!
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Amarte bien
Ornella Cecchini
Era el cumple de Vale y como todos los años, almorzábamos en su casa. Estábamos todos… Por un lado Tomi, Nico, Manzana y Eric, el novio de Vale, era la primera vez que nos juntábamos con él; sentados bien al frente de la tele, mirando el canal de la música y charlando en voz baja. Por otro lado, Luli, Andre, Aye, Vani, Juli y Vale, chusmeando entre ellas. Y en la punta de la mesa Meli y yo, mirando a Feli, el perro de Vale que saltaba para tratar de subirse a la mesa.
TOMI: ¡Vale! Traé algo para comer que estoy cagado de hambre, recién salgo de trabajar.
VALE: Esperá Tomás que esté la comida.
AYE: Vale, ¿necesitas ayuda en algo?
VALE: Si quieren pongan la mesa y vayan acomodándose donde quieran.
MELI: Yo me quedo acá en la punta, quiero escuchar un poco el ranking de la música. En la otra que se siente Vale.
JULI: Bueno mala onda, vinimos a charlar, no a ver tele.
MELI: Si yo estoy acá hablando con Orne, pero también quiero escuchar música.
                El ruido de la vajilla, sumado a que cada rato se cruzaban las chicas que estaban poniendo la mesa, interrumpían mi charla con Meli. Eso ya me había alterado y terminé de enloquecer en ese bendito instante en que empieza a sonar el tema “Amarte bien” de Carlos Baute.
ORNE: ¡No! Que tema de mierda. ¡Lo odio!
MELI: Yo también, ¡Amarte bien! ¡Amarte bien!
                Me paré y me puse a bailar y a hacer palmas descocadamente.
ORNE: Parecen los evangelistas. ¡Amarte bien! ¡Amarte bien! ¡Aleluya!.
MELI: ¡Si! Ja ja  ja . Que tarados.
                Vale, desde la mesada, con las manos llenas de harina, desesperadamente, nos hacía señas de que no siguiéramos y yo no entendía.
ERIC: Yo soy evangelista.
ORNE: Uuuuy. Perdón, no te quisimos ofender, como a ustedes les gusta cantar y celebrar…
                No supe más que decir. El silencio invadió la casa. Las miradas de todos estaban fijas sobre Meli y yo. Después de eso no abrimos más la boca en todo el día.  
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Milena Melgarejo

Lugar: Reunión de amigas en casa de Belén
Personajes:
Carina (Mamá de Belén)
Mayra
Belén
Milena
Vecino

(Todas sentadas en ronda, tomando mates, a mi derecha, Mayra; y a mi izquierda, Belén)
-              Milena: Ayer me contó que se vio con un tipo que dejó el camión acá al frente ¡Ni si quiera lo conocía!
-              Mayra: ¡Cómo te va a contar eso a vos! ¿No se da cuenta que somos amigas de su hija?
-              Milena: ¿Vos te pensás que a ella le importa? Nooo. Si mirá cómo se hace la linda con el vecino.
-              Mayra: Sí, por lo menos se corriera un poquito más allá, donde no la vea Belén.
-              Milena: ¡Encima fijate la pollerita que tiene puesta! No tiene 15 años, tiene casi 40, se tendría que ubicar.
(Mientras tanto, observábamos de adentro a Carina, muy simpática, piropeando al vecino)
-              Mayra: ¡Y la pupera! Ni yo las uso, y eso que tengo 17 años.
(Cuando quise contestarle a Mayra, en vez de girar para la derecha lo hice para el otro lado, y le dije a Belén:)
-              Milena: ¡Ay, cómo me enferma cuando la Carina se hace la pendeja!
(Belén se largó a reír pero yo no sabía dónde meterme)
-              Belén: ¡A mí también me molesta, pero yo no le doy bola!
Las dos nos largamos a reír y siempre me cargan por esa metida de pata.
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Agostina Medina
Un sábado por la tarde cruzábamos por la avenida y nos dirigíamos hacia un negocio de ropa que, si mal no recuerdo, su nombre era “El Rojito”.
Cuando entramos, buscábamos ropa para salir y el negocio estaba colmado de gente, lo cual hacia que el lugar se sintiera sofocante.
En un momento mi amiga Melina nos dijo:
Melina: - Miren aquella chica que linda panza que tiene, debe estar embarazada.
Lucrecia y yo seguimos viendo ropa y no le prestamos atención, ya que nuestra atención se enfocaba en la ropa que queríamos comprarnos.
Cuando la señora de panza linda se nos acerca, Melina, dice:
Melina: -Que linda panza que tiene y que grande es. ¿De cuántos meses está?
Señora: - No estoy embarazada nena, es así mi panza.    
Melina: - Disculpe, pensé que estaba embarazada.
No termino la última palabra de su frase, que largamos las carcajadas que se escucharon en todo el negocio y terminamos afuera del mismo, sin ropa, de la vergüenza que habíamos pasado.
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Micaela Pereyra

Y todo culpa de la primavera
A mediados de septiembre y más cuando se acerca el día del estudiante, nosotros, los adolescentes comenzamos a brotar como las flores y los frutos en plena floración.  Tenemos deseos de tirarnos en el pasto a que el sol nos descongele del invierno cruel que hace unos días nomás se fue, nos dan ganas de estar de vacaciones, salir a bailar, viajar, tener algún amor de primavera…
Tradicionalmente hacemos vigilia el día previo al 21, en el campo de una amiga, donde estamos todos los compañeros y amigos de la escuela.
Pero el pasado 21, falté.
-              Chicas, me tienen que hacer un favor. Les dije.
El 20 me voy a córdoba, Diego me invitó a su casa. Paso la noche allá y me quedo hasta el 21 a la tardecita.
-              Y con Cristian ¿cómo haces? me dijo Tatiana.
-              Él se va con sus amigos a Pampayasta, yo me quedo con ustedes. Por él no se preocupen, el tema es si llega a llamarlas mi vieja…
-              ¿Qué le decimos? Dijo ella empezando a reírse.
-              Que yo estoy con ustedes. Ella trabaja el 20  así que ese día ya está resuelto, vuelve el 21 a la mañana. Yo le voy a mandar un mensaje diciéndole que estamos en tu campo.
-              ¿No irá a haber problema?. Dijo Brenda pasándome el cigarrillo.
-              En teoría, no.
-              Qué bien la vas a pasar eh?
Y nos reímos del plan, de la adrenalina y de los cuernos.
Los días pasaron con total normalidad. La ropa entró bien en la mochila, la plata me alcanzó para el pasaje de ida, el viaje en moto desde la terminal hasta el barrio de Diego no fue tan violento, la comida era muy rica, los paseos de maravilla y lo más importante era que todo estaba tranquilo en Oliva, mi celular no había sonado en dos días.
Ya en el viaje de vuelta apenas el colectivo pasó la barrera del peaje mi celular marcó 13 llamadas perdidas de mamá y entendí que eso era la desgracia misma. Los mensajes hacían sonar el teléfono a un ritmo tan escandaloso como la desesperación que me agitaba a mí por dentro. Abrí el buzón de entrada donde figuraba un mensaje de Tatiana y uno de Brenda; decían: “Miki, tu vieja nos llamó porque tu celular no le daba. Nos preguntó por vos y tuvimos que contarle.” “Llamá a tu vieja, boluda, está desesperada”.
Las explicaciones a mis amigas se las iba a pedir después, lo importante ahora era comunicarme con mi mamá y decirle que estaba viva y que no me matara al llegar.
No tenía crédito en el celular y vi que el pasajero que estaba a mi lado no dormía:
-disculpá, necesito un favor. Tengo que comunicarme con mi mamá de urgencia. ¿Podrías prestarme el celular para llamarla?
-sí, claro. Me dijo muy amablemente.
Tomé el celular con las manos transpiradas de miedo y marqué su número. El palpitar del tono de llamada se mezclaba con mi arritmia y sentía en la garganta un nudo de mucho algodón.
-              Hola ma, soy Mi…
-              ¡Pendeja de mierda! ¿Dónde estás? ¿De quién es ese celular? ¿Con quién estás Micaela? Me dijo entre insultos.
-              de un pasajero me lo prestó porque yo no tengo crédito. No se cómo se llama, no lo conozco. Estoy en Río Segundo, en el Coata volviendo a casa. No me di cuenta y me tomé un local por eso tardo tanto, pero ahora a las 8 ya estoy allá.
-              Ya voy a esperarte a la terminal. Me dijo y me cortó.
-              Gracias. Le dije al pasajero.
-              Suerte. Me contestó él imaginando el episodio que vendría.
No dije más nada y me senté resignada al destierro. Al despojo de mi celular y el internet, y las salidas… encima en el mes de septiembre, con lo mucho que lo esperamos.
Al llegar a la terminal de Oliva, me asomé apenas por la ventana del colectivo y vi a mi mamá sentada en el banquito blanco con la bicicleta al lado esperándome con la cara irreconocible.
Bajé del colectivo y vio que yo estaba bien. Agarró su bici y me dijo:
 -Te vas a casa ya.
- Esperá, mami, al menos llévame.
Y sin hacerme caso subió a la bicicleta, se fue y me dejó caminando hasta casa.
Una vez allí me quitó el celular, me cortó internet, me puso en penitencia por dos meses y me mandó a acomodar mi habitación.
-              Y si no te pegué una trompada cuando bajaste del colectivo fue porque estaba tu suegra mirando desde la boletería. Me dijo.
Exhalé lentamente todo el aire y caminando por el largo pasillo hasta mi habitación me di cuenta que otro problema había comenzado.
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Aunque se haya usado la seda, de moda no queda

Marysol Nespolati

En momentos donde el estudio está en tiempos de cólera, no se sabe si la cólera recae sobre el estudio o sobre uno, que recibe constantemente invitaciones de amigos para hacer cosas que no guardan relación alguna con la universidad y la indignación que causa decir que no podemos, que tenemos que estudiar. Protocolar y recursivo, siempre lo mismo. Y luego de explicar la cantidad de responsabilidades, viene la parte en donde explicamos que nuestra carrera no es como las suya y que uno tampoco es como ella, la irresponsabilidad no tiene lugar frente a cualquier salida.
Pero ese jueves íbamos a salir, luego de un parcial de gramática, que más que gramática, era dramática porque no nos salía nada. Accedimos a salir, a la resignación de hacer el parcial y de “hacer centro”. Un día totalmente atípico para nosotras, porque a decir verdad, todo gira alrededor del estudio constantemente y estas cosas, son privilegios que nos damos, de vez en cuando, cada cantidad de parciales aprobados… una especie de premio. Un helado, un par de conversaciones, con una compañera que estudia turismo.
Fuera de la envidia, es insoportable escuchar que no estudian ni hacen nada y además, ¡viajan todo el tiempo! Tampoco envidia sana, envidia es envidia y listo. Pero en este caso, bronca. Así que para atenuar las amarguras mías y de mis dos compañeras nos abocamos a mirar vidrieras y no hablar de otra cosa que no sea moda, aunque la moda nuestra era del año pasado aproximadamente, porque de actualidad teníamos poca información. “No tenemos tiempo”, como respuesta a todo, siempre. Estaría de más decir que mucha ropa para salir no tenemos, pero sí muchos pijamas, uno para cada día podríamos decir. Mirábamos para ver qué ponernos esa noche.
Una, otra y otra vidriera, todo lo mismo. Lo único que variaban eran los precios:
-              Ana: Yo no entiendo qué es lo que hace que el precio cambie. La tela es la misma, el largo es el mismo, los motivos son casi los mismos.
-              Yo: Claro, es entendible en las calzas, por ejemplo, o los calzados, pero en las remeras lo único que cambia es que una es más horrible que otra. Igual todo bien, no sé qué hablo yo si la que me compré es re parecida a esas. Lo que pasa que está en todos lados lo mismo, esta moda de mierda… ¡Qué bizarra!
-              Ana: Bueno, vos decís, pero dentro de todo, las remeras son más discretas que las calzas.
-              Yo: Los motivos son los mismos. Lo que cambia es que, no es lo mismo tener una ensalada de fruta entre las tetas, porque ni siquiera llegan a la panza, que tenerla en el medio de todo el culo celulítico mío, está bien, yo paso a esa ridiculez. Total, para ese tipo de exposición, se vienen las bikinis, no te explico el trauma psicológico al que me estoy preparando.
-              Mili: Volviendo al tema de la ropa, lo peor es que es que hay algunas que pagan un montón por esa porquería, por la marca en realidad.
-              Ana: En la marca, puede ser que haya diferencia de calidad, pero sigue siendo una cagada.
Y así seguían nuestras bocas sucias pronunciando una barbaridad tras otra, hablando del cuerpo, criticando a la moda. Sin notar que Maira, una tumba.
Cuando cambiamos el tema de conversación al de sus viajes, todas las respuestas eran muy ásperas y cortantes, filosas tanto como el de su silencio. Todo dolía, si hablaba o si callaba, el ambiente estaba punzante por más que estábamos en plena paz del aire libre. Sin dar con el objetivo, le preguntábamos incesablemente qué le sucedía:
-              Maira: Nada, me agarró el bajón no tengo ganas de salir, nada más
-              Ana: Pero ¿por qué no vas a salir? Si nos venís invitando hace un mes…
-              Mili: La vez que nosotras podemos… ¡Dale salí!
-              Maira: Es que no sé qué ponerme abajo, aparte hace mucho vengo saliendo ya.
-              Yo: seguro que eso debe ser un problemón… ¡Dale vamos!
Para su desgracia, las mochilas las teníamos en su casa. Volvimos, y cuando nos dirigimos a su habitación nos atrevimos con total confianza a revisar su ropero, queríamos que saliera con nosotras cueste lo que cueste… Inclusive lo que cueste nuestra vergüenza, porque para nuestra sorpresa, lo primero que encontramos al abrirlo (y como para no verla) fue una calza fucsia con bananas amarillas y ananás marrones, colgada en una percha con la etiqueta. No sabíamos si morir por la torpeza que habíamos cometido o por lo que le había costado. Le arruinamos el día.
-Maira: Son unas forras boludas, no pueden ser así. Lloró.
Nosotras, atónitas.
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Mariana Cattani

Hace unos años viaje con mi amiga a Santa Rosa, cuando llegamos a la estación de ómnibus, ya era muy de noche, entonces como no teníamos mucho dinero y teníamos temor de salir a buscar un hotel que no sea muy caro, ya que nuestra amiga nos avisó que no podía ir por nosotras, decidimos quedarnos a pasar la noche en la estación. A medida que se hacía más noche nos fuimos quedando más solas, y empezaron a llegar unos señores mayores de edad que vivían recolectando cosas. Se dirigieron a mí y me preguntaron si había cenado y les dije que sí muchas gracias, querían llevarnos a comer, pero le agradecí y nos quedamos.

Cual sería nuestra sorpresa cuando a la media hora volvieron y nos ofrecieron unos sándwiches, les dije que muchas gracias que era para ellos, pero insistieron y se lo acepté, fue acto de solidaridad que nos emocionó mucho.

Pasaron las horas y la verdad no estábamos ya muy convencidas de pasar allí la noche. Suena mi teléfono
Mariana: Hola.
Nerina: Estoy en casa, tuve un inconveniente por eso no fui a recogerlas. Les paso la dirección por mensaje, tómense un taxi yo se lo pago. 
Evelyn: ¿Cómo vamos a saber si nos están llevando al lugar adecuado?
No conocíamos bien el lugar por eso decidimos preguntarle a una señora que pasaba hablando por teléfono, mi amiga le pregunto si nos podía orientar, nos dijo que esperamos un momentito y al rato regresó.
 Eran como la 1 de la mañana y en muy poco tiempo llegamos a su departamento, nuestra amiga nos recibió muy bien y nos ofreció de comer y compartimos con ellas el emparedado que nos ofrecieron en la estación.
Esa noche las cuatro nos acomodamos en una cama de 2 plazas, y cuando nos disponíamos a dormir tocaron el timbre y ella se asustó y nos pidió que por favor nos escondiéramos y nos quedamos en la terraza como una hora, se podía escuchar a hombres y mujeres conversando y la verdad empezamos a sentir un poco de temor, pensando cual había sido la necesidad de escondernos pero aguardamos en silencio.
Evelyn: Yo no puedo estar acá. Salió en dirección a la cocina y allí encontramos a un grupo de amigos que habían venido para darnos una fiesta de bienvenida. Evelyn sin querer arruino la sorpresa.
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Julieta Domínguez

Ocurrió en mi pueblo, para el día de la primavera y del estudiante, este mismo año. Con mis amigas asistimos al evento que organizaba el IPEM 172 al que concurrió mucha gente y donde nos encontramos con ex compañeros.
Nerea: ¡Ay, chicas, miren!
Alicia: ¿Qué cosa, boluda?
Jeni: Ah, ya sé que estás viendo. –Sonrisa-
Yo: Ay, no me doy cuenta. ¿Qué pasa, negra?
-Largo suspenso, todas mirábamos a Nerea y tratábamos de ver hacia donde ella miraba-
Nere: Miren. Allá, delante de esa mujer de pelo rubio y remera rayada, está la Eli.
Yo: Sigue igual que siempre. Re machona.
Alicia: Y sí, toda despatarrada, como siempre la Alicia. –Carcajada-
Jeni: ¡Jajajaj, pobre! Vieron que todavía sube las fotos de la promoción. Encimas son siempre las mismas. Se quedó en el tiempo.
Yo: Miren lo que hace ahora. Se colgó el bombo del sobrino y toca. Jajaj. De mal a peor.
Nere: ¡Ay, chicas, pero mírenla! ¿No notan algo raro?
Yo: ¡Nooo! No puede ser, ya me di cuenta. ¿Pero cómo?
Alicia: Está embarazada. Bah, tiene una pancita dudosa. A parte es re flaquita, se le re nota.
Jeni: ¡Na! ¿Y de quién será? Ay, nunca me lo hubiera imaginado de ella.
Yo: Mirá la Eli, tan calladita. ¿Quién iba a decir?
Nere: ¿Pero estará?
Alicia: Sí. Para mí, sí.
-Pasan algunos días y Alicia se encuentra con la mamá de Eli en el lugar en el que trabaja. La saluda y la felicita por el embarazo de su hija. La madre con cara horrible y de manera cortante, le dice que Eliana no está embarazada y se retira del lugar ofendida. Alicia nos relata esto y nosotras seguimos dudando.-
Yo: Chicas ¿vieron lo que puso el hermano de Eliana ayer en Facebook?
Jeni: ¡No, ¿qué puso?!
Yo: Puso: “Voy a ser tío”. Y en los comentarios le preguntaban de quién y él dijo “de la nena que espera Eli”. Otros comentarios decían que no sabían nada, que por qué no había dicho. Y él le respondía que ellos tampoco sabían.
Jeni: Se ve que ella no dijo nada, con razón. Ya le cuento a la Ali por whatsApp, después del metidón de pata que se mandó. Qué raro esta Alicia, no aprende más.
-Al día siguiente, cuando me despierto y agarro mi celular, entro al Facebook y me encuentro con una publicación del hermano de Eliana en donde ponía: “Ya nació”. Me quedé muda. Tras esto, me llega un mensaje de Nerea contando la noticia en el grupo de Whats. Había nacido antes de tiempo la nenita. Y Eliana lo había ocultado.-
Yo: No lo puedo creer. ¿Por qué no habrá dicho nada?
Ali: Vaya a saber. Pobre Eli. ¿Le habrá comprado algo en este tiempo?
Jeni: Bueno. Por lo menos parece que la familia se lo tomó bien.
Nere: Sí, pero quién será el papá. Es re raro de la Eli. Nunca supimos de un novio ni nada, eso que hace de Jardín que la conocemos.
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Florencia Andrighetti

Encubridora
-              ¿Nos dividimos los temas?
-              ¡Sí, sino no llegamos!
Siempre nos decíamos lo mismo, pero la mañana anterior a la prueba, todo era distinto, igual que aquella vez…
-              Flor, a las 8 de la mañana te espero a estudiar en casa.
-              A las 8 en punto, Pau. ¡No te quedés dormida eh!
Y… 10 y media sonó el timbre de Pau.
-              ¡Me quedé dormida bola! - dije riendo.
-              Te mato – contestó, también con cara de dormida.
-              Nos hagamos machetes sino no llegamos.
-              Vos macheteate tu parte, yo la mía.
Y así fue. Paula y yo siempre hacíamos lo mismo. Pero esa mañana fue un poquito distinto. La música fuerte, las dos en la mesa copiando en mínimos papelitos los textos de Marketing para la prueba. Hasta que la puerta de entrada se abrió.
-              ¡Hola chicas!
-              Hola – dijimos con miedo, escondiendo los papelitos.
Pero las mamás siempre leen los ojos.
-              ¿Se puede saber qué es lo que hacen?
-              ¡Y bueno mamá, no nos sale nada!
-              ¡Me extraña de ustedes!
Una mirada cómplice nos encontró a las dos. Paula sonrío un poquito, y yo reí. Cuando nos dimos cuenta estábamos tentadas de risa, las tres.
-              Es por esta vez mamá.
-              Me imagino, seguro es la primera vez que se los hacen. Flor, tu mamá no debe saber que te macheteás.
-              Por eso los hacemos acá – dije todavía riendo a carcajadas.
-              Por esta vez, nada más. Si el Profe se entera se joden ustedes. Y estoy muy enojada.
-              Prometido.
Cinco minutos más tarde, Norma escribía pequeñísimos papelitos para meter en nuestras cartucheras.
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Tragicomedia
Evelyn Oliva

La medianoche se acercaba, era hora de acostarse, allí estábamos mi amiga Belén y yo. Haciendo una especie de “pijama party” en la casa de mi abuela.
Entramos sutilmente, veníamos de dar una vuelta, nos dirigimos a la pieza y nos pusimos a charlar.
Belén: ¡Contame como te fue!, ¿Alguna novedad?
-Mmmm NO- Le respondí y desatamos juntas una inconsciente carcajada. Teníamos códigos y cómplices miradas.
A esta altura, la luz todavía seguía prendida, junto con el televisor.
“Apagá la tele” sugirió mi amiga. Sin mediar palabra me pare y lo desenchufé directamente. PFFFFFFFFFF, se sitió de repente.
“Eve, Eveeee ¿qué te pasó?”, sentía a lo lejos que me preguntaba Belén. Muy asustada corrió a llamar a mis abuelos “Le agarró corriente, está tirada en el piso” decía entre gritos y lágrimas. Todos corrieron a socorrerme. Mi abuelo, primero cortó la luz, fue hasta la pieza y me dijo “Querida, ¿estás bien?, ¿Qué paso?, ¿Cómo haces una cosa así?, yo me pare sin ningún tipo de dolencia y regrese a la cama. Todos miraban asombrados… Lo que no entendían era que solo había sido un simple desmayo y no cómo decía mi amiga “una gran electrocutación”.
Aún hoy, recordamos entre risas y llantos aquel tragicómico episodio, el apuro que sintió mi amiga al tener que despertar a mis abuelos a los gritos y el nuevo término acuñado “gran electrocutación” que la acompañara hasta el fin de nuestros días.
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Corina Meichtri

Nos encontrábamos un viernes en la materia Taller de Comprensión de textos, conversando durante el recreo que la profesora nos había permitido. No recuerdo por qué motivo surgió el tema de las fechas de cumpleaños y con la compañera que tenía a mi derecha descubrimos que el nuestro difería solo por un día y la que se encontraba a mi izquierda comentó que el de ella sería en pocos días. Por lo que mi amiga de la derecha le preguntó:
-              ¿Y cuántos cumplís? ¿veintitrés?
-              No, no… cumplo diecinueve (respondió)
-              ¡Dale, no nos mientas y decinos bien cuantos cumplís! (exclamó la primera)
-              Cumplo diecinueve de verdad.
-              ¡Mentira! Qué vas a cumplir diecinueve, vos más de veinte tenés seguro…
-              No Ago, te está diciendo la verdad, cumple diecinueve (intervine yo al darme cuenta de lo que estaba ocurriendo)
-              Si ya se, solo estaba haciendo un chiste (exclamó Ago al percatarse de la expresión de mi cara y de que la estaba pateando por debajo del banco)
Cuando quedamos solas dentro del aula con Ago, me dijo que ella había dicho veintitrés pero que realmente le daba más de veinticinco años por el aspecto de la misma. A lo que yo le contesté, completamente tentada, que a veces es preferible guardarse las impresiones propias para no generar este tipo de situaciones incómodas.
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Ayelén Altamirano

Todo comenzó cuando Juli y Caro dieron a conocer que estaban embarazadas.  Un baby shower  resultaría  la mejor forma de festejar la alegría de esas dos personas maravillosas  que tras largo tiempo de espera y fracasos pudieron llegar a cumplir su más grande sueño. El tiempo juntas que compartimos son  momentos de experiencias y puntos de vista diferentes ya que en el grupo hay una gama variada de  edades.
Fue una tarde de domingo cuando en una juntada en casa de Gabriela, acompañada de mates, tortas y risas, Caro y Juli nos dieron la noticia. Ninguna de las dos sabía que la otra estaba embarazada y el resto del grupo tampoco se imaginó que las dos lo estuvieran.  Abrazos, risas, lagrimas, felicitaciones fue lo que abundaba.  Y así fue como un tema más, los bebés, se integró en las charlas de los domingos.
La exaltación de las dos futuras mamás al pasar los meses generaba la exaltación de las futuras tías postizas.  Por esa razón tras enterarnos del sexo de los bebés decidimos organizarles un baby shower. Gabi se encargaba de los invitados, Pato de la comida y yo de la decoración rosa y azul del lugar.  El día de los festejos fue un sábado por la tarde, era obvio que Caro y Juli no estaban enteradas de nuestros planes. El sábado a la mañana comencé a decorar el quincho de Gabi, una combinación de rosas y azules generaban un ambiente lleno de expectativas.  Había carteles azules y rosas con los nombres de las mamás y bebés. A las cuatro estaba casi todo listo, la comida, decoración y llegada de invitados. La comida abundaba, típico de Pato, aunque fuera una reunión íntima y sencilla. Cuatro y medio o cinco menos cuatro era la hora planteada para la llegada de las mamás. Gabi, además era la encargada de inventar una mentira y hacer que esa tarde las mamás la tuvieran libre y pudieran asistir a sus festejos.  
Caro iba a ser mamá de María Luz y Juli de Franco. A las cuatro y cuarto ya con los invitados dentro del quincho, se me acerca la tía de Juli y me dice:
-  Los carteles están mal. Juli va a tener una nena y Gabi un varón.
-No, señora, usted está equivocada.
-No, usted lo está señorita. Cómo no voy a saber yo, que soy la tía, qué es lo que va a tener mi sobrina.
En ese momento mis nervios florecieron y la gran intriga crecía, faltando poco para la llegada de las mamás. Se me ocurrió llamar a los papás, pero ninguno de los dos me contestaba el teléfono. Pato y Gabi no estaban y las abuelas aún no habían llegado. Qué hago, a quién llamo. Empecé a sacar los carteles y hacer uno nuevos, pero los viejos no desaparecieron, por las dudas. Tuve la suerte de que me había sobrado papel.  Cuatro y media llegó Pato y me termino de ayudar a hacer los carteles, ella también estaba en duda de quién iba a ser la mamá de María Luz y Franco, las cosas se habían dado tan rápido y era tanta la emoción y los temas de bebes que estábamos confundidas. Gabi de seguro tenía que saber, pero estaba con las futuras mamás. La llegada de las abuelas fue lo que nos tenía que sacar de la duda, pero éstas no llegaban.  La solución fue no colocar carteles. Cuatro menos veinte llegaró Gabi junto a Caro, Juli y las abuelas. Los invitados comenzaron a saludarlas y en ese momento me acerque a Gabi y le pregunte quién era la que iba a tener una nena y quién un varón. Y resultó que  a tía de Juli tenía razón.
El imperfecto de esa tarde se sumarías a una experiencia más para contar en las tardes de juntadas.

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