Vamos a
recuperar ahora una escena o episodio vivido con una amiga (o un grupo de
amigas) durante la adolescencia o cercano al tiempo presente, donde haya
sucedido una "metida de pata" o se haya generado una situación
confusa que terminó de manera cómica.
Condiciones:
- la descripción
del contexto en este caso deberá ser minimalista, es decir, con elementos mínimos. El
propósito es que hagan el esfuerzo de escoger sólo los datos esenciales que el
lector necesitará para comprender lo ocurrido, sin que sobre información pero
que tampoco falte (de lo contrario el lector no percibirá el efecto divertido y
a la vez trágico del episodio);
- deberá incluir
un diálogo entre las amigas, que reproduzca con la mayor fidelidad lo que
dijeron en ese momento.
Algunas producciones:
Ana Laura Mazuecos
Íbamos
caminando por la calle casi chocándonos las caderas que empezaban a asomarnos
en nuestros cuerpos de púberes. Sin apuros ni preocupaciones, mirábamos las vidrieras de las tiendas del centro y
reíamos de algunas prendas ridículas que lucían los maniquíes. Las dos teníamos
los mismos gustos, que se diferenciaba un poco del de nuestras otras dos amigas
que completaban “la barra”.
Esa
tranquilidad que llevábamos se rompe cuando de repente frena junto al cordón de
la vereda, pero sin apagar el motor, la chata de la madre de Virginia. Nosotras
quedamos casi paralizadas porque sabíamos que nuestra amiga estaba con su
novio, cosa que le tenían prohibido.
- ¿Y Virginia? – preguntó la madre
con un movimiento extraño en sus cejas.
- ¡Está con Mayra!- Respondimos a
coro, coordinadas y, a la vez, como si lo hubiésemos planeado.
- Ahh. Bueno, y¿por dónde andan?-
- Seguro que dando vueltas por ahí,
o tomando un helado. –Afirmó Luciana con más naturalidad al sentir que todo
estaba siendo verosímil.
- Bueno, díganle que nosotros ya nos
vamos a casa, que no vuelva después de la siete- sonrió y después saludó
mientras levantaba la ventanilla de la camioneta.
Nosotras
nos contuvimos hasta que vimos la chata gris desaparecer en la esquina, después
comenzamos a reírnos.
- ¡Menos mal que Mayra no estaba con
nosotras boluda!!!- Dijo Luciana.
- Siii, meenos mal. Ya veo que
vuelve a pasar y nos vuelve a preguntar. Uh, mirá si pasa por la plaza y la ve-
dije yo.
- Casi me hago pis cuando me miró
seria. También, esta Virginia que desaparece y no vuelve más. Debe estar a los
chupones limpios aquella otra- Dijo ella, mordiéndose el labio inferior.
Después, volvimos a reir.
Una
media hora más tarde decidimos ir a conectarnos, pero al llegar a la puerta,
Mayra salía de ese mismo lugar.
- ¡Mayra!- Dijimos nuevamente a
coro.- ¿Qué haces acá?- pregunté.
- Vine al ciber… ¿Por? ¿Qué pasó?-
cuestiono ella.
- Es que “supuestamente” estás con
Virginia.- afirmé, abriendo un poco los ojos.
Ella
comprendió al instante y sin explicaciones, pues así son las amigas, se
entienden. Nos quedamos las tres sentadas en la vereda charlando y riendo sin
percatarnos que de la esquina y casi en silencio, aparece la chata gris con
vidrios polarizados y con el sol trazándole una línea de brillo. Frenó frente
del ciber y de ella se baja la madre de Virginia y se acerca.
- ¿Y Virginia?- preguntó,
nuevamente, pero esta vez con una mirada mucho más seria. -¿No estaba con vos?
- Está adentro del ciber- Contestó
Mayra, que se sentía particularmente cuestionada.
La
madre inmediatamente entró al ciber.
- ¡¿Qué?! Fue lo único que se me ocurrió.- dijo Mayra a
nuestras miradas de sorpresa.
- ¿Y ahora qué hacemos?!- Dije yo
preocupada.
- ¡Rajemos!!!- Dijo Luli.
Nos
miramos y nos levantamos rápido para salir corriendo, bajamos el cordón de la
vereda, pero cuando tomamos el impulso para cruzar la calle, desde la camioneta
nos saluda la mano del padre. Las tres nos miramos y nos hicimos las sonsas y
nos volvimos hacia ciber. En ese momento, sale la madre de Virginia, seria.
Teníamos los nervios de punta, yo por lo menos. Mayra no tuvo mejor idea que
preguntar – Y… ¿Estaba?-
Hubo
una pausa.
- Si. Me dijo que se queda un rato
más porque está chateando con su novio.
_________________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________________
Sindicato de mujeres
Gabriela Zavala
Casi
todos los fines de semana nos juntábamos con Malena, mi mejor amiga. Cuando
llegaba el sábado, organizábamos una mateada, una picada, un paseo por la
costanera. Siempre teníamos alguna excusa para juntarnos y charlar a más no
poder.
Ese
sábado no fue la excepción. El viernes, cuando volví de la universidad, me
llamó.
- Male: ¡Hola, querida! ¿Cómo estás?
- Yo: ¡Hola, zapalla! ¿Bien y vos?
- Male: Bien, por lo menos. ¿Qué
tenés que hacer mañana? ¿Mateamos?
- Yo: Debería hacer un trabajo para
la uni, pero olvidate. Ni ganas. ¿A qué hora nos juntamos?
- Male: Venite a mi casa a las
cuatro.
Y
así fue.
Me
llevé unos bizcochitos y ella estaba con el mate y la lengua bien afilada.
Nunca iba a pensar que ese día yo metería la pata hasta el fondo del tarro.
Después
de una charla introductoria sobre nuestras vidas, pasamos a la etapa del
chusmerío que se iniciaba con una frase dicha por cualquiera de las dos:
- Male: ¿Alguna novedad?
- Yo: ¡Sí! ¡No sabés la que tengo
para contarte! En realidad no sé si es tan bomba pero en la universidad es el
chisme de la semana.
- Male: ¡Contá, contá!
Malena
iba a la Escuela de Bellas Artes. Ni idea tenía de mis compañeros de la
universidad pero a ella le caía bien cualquier chusmerío, como cualquier amiga
con todas las letras.
- Yo: Resulta que tenemos un
compañero que es un mujeriego de mierda. Se llama Gustavo. Pero debería
llamarse sorete. Cambia a las mujeres como cambia de calzoncillo. Pero hace
unos dos meses que está de novio formal y lo primero que pensamos fue “a ver
cuánto le dura”.
Malena
respondía con gestos y exclamaciones de sorpresa o de bronca. Era muy
expresiva.
- Yo: El primer mes, anduvo re bien.
No se le conocía ninguna. A lo mejor le metía los cuernos a escondidas, capaz.
Pero generalmente alguna se enteraba si lo hacía.
- Male: ¿Tan boludo es?
- Yo: Sí, un boludaso.
- Male: ¿Y cómo sigue?
- Yo: Bueno, cuando cumplieron un
mes nos contó que le regaló flores y bombones. Y dijimos “está re metido”. Casi
que nos convencíamos de que había cambiado.
- Male: ¡Dale boluda, por qué le
ponés tanta intriga!
- Yo: ¡Es que no tiene sentido si no
lo cuento así! Bueno, listo, no te cuento más.
- Male: No, dale, seguí.
- Yo: Bueno. La semana pasada en la
uni, cuando estábamos en el comedor, Melina, una amiga nuestra, lo delató. Y se
delató ella también: “Chicas, me estoy viendo con Gustavo”. “¡¡Quéeeee!!”, le
dijimos. Lo tenía re oculto la guacha.
- Male: ¡Jodeme que no les había
contado!
- Yo: ¡No! Se ve que le daba
vergüenza. Bueno. Y resulta que nos contó que hacía dos meses más o menos que
se veían, mientras él estaba de novio. Y que estaba sufriendo mucho porque se
estaba enamorando y él estaba meloso con la novia. Obvio que le dijimos que lo
dejara, que ella se merecía algo mejor y bla bla bla.
- Male: No, boluda. Qué feo. Pobre
la novia del chico, también, que ni enterada estaba. ¡Cómo me enferman los
mujeriegos!
Malena
había sufrido dos infidelidades, y cuando le tocabas ese tema se encolerizaba.
- Male: ¿Y quién es la novia? ¿La
conocen? Habría que decirle para que lo mande al carajo.
- Yo: ¡No, boluda! Si se entera mi
amiga de la uni me mata. ¡Nos revienta a todas! ¡Olvidate! En realidad yo no
tenía que contar nada.
- Male: Bueno pero decime el nombre.
¿Cómo se llama?
- Yo: Luciana Gudiño.
Y se
vino la explosión.
- Male: ¡¡¡¡Jodemeeeee!!!!! ¡Es una
compañera mía! ¡Se junta con nosotras en el grupo!
- Yo: ¡Ay, no! ¡Ay, no! ¡No le vayas
a decir, Malena! ¡Ni se te ocurra!
- Male: ¡Cómo no le voy a decir! ¡Es
casi amiga mía!
- Yo: ¡Pero yo soy tu amiga! ¡No
podés cagarme así!
- Male: ¡El novio la cagó a ella,
boluda! Y aunque no sea mi amiga es mujer y entre las mujeres debemos
defendernos. Si hiciéramos un sindicato de mujeres, donde ninguna pueda cagar a
ninguna y nos contáramos las mentiras de los hombres, el mundo sería mejor.
- Yo: Idealista vos, como siempre.
Y le
contó. Obviamente, acordamos que no le diera datos míos. A mediados de la
semana siguiente apareció Gustavo hecho una piltrafa porque se había peleado
con la novia. Melina aprovechaba para consolarlo, obvio. Ahora están de novios
estos dos, hace seis meses ya. Creo que al final, Malena les hizo un favor.
_________________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________________
Vanina Taricco
Hace
varios veranos atrás, vinieron mis tíos y primos de Buenos Aires a visitarnos.
Hacía mucho tiempo que no los veíamos. Recuerdo que llegaron un miércoles a mi
casa y se iban el lunes siguiente, por lo cual debíamos aprovechar al máximo
los días en los que nos visitaban. Como el día que llegaron se encontraban muy
cansados, decidimos caminar por el pueblo pero con mis primos, Johana y Javier,
a la noche ya estábamos planeando qué hacer al día siguiente… y se nos ocurrió
ir a pescar a un arroyito que se encontraba cerca de mi casa.
Al
día siguiente nos levantamos muy ansiosos y nos pusimos a buscar lombrices para
que, luego de comer, emprendiéramos nuestro pequeño gran viaje. Comimos muy
rápido y apenas mamá se fue a trabajar, nos cambiamos para irnos. Ese día había
un viento que no era fuerte pero si molesto, entonces decidimos ir dos en moto
y dos en bicicleta… Nuestra moto no era de las mejores ni tampoco la más grande
en tamaño, creo que solo tenía acelerador y luces… y los frenos, frenaban si
los presionábamos con cincuenta metros de anticipación (creo que por eso mamá
no nos dejaba usarla).
Johana
y yo, éramos las más grandes en tamaño y edad y por eso acordamos en ir
nosotras en moto y mi hermana menor y Javi en la bicicleta. Cuando emprendimos
el viaje se levantó un viento un tanto más fuerte del que había habido hasta el
momento y se dificultaba un poco el viaje en la bici. Entonces se nos ocurrió atar
la bici a la moto para que llegáramos más rápido. El obstáculo era que
estábamos lejos de casa para volver, entonces nos pusimos a buscar por el campo
algo que nos ayudase a seguir viaje. Mi prima encontró un hilo negro que
parecía ser bastante grueso y fuerte y podía servirnos. Entonces atamos el hilo
en la moto y el otro extremo al manubrio de la bicicleta. Estuvimos un largo
rato luchando con el hilo y los vehículos hasta que lo logramos.
Retomamos
rumbo nuevamente. Íbamos muy concentrados en el camino porque era de tierra y
estaba repleto de pozos. Tan concentradas íbamos en la moto que nos olvidamos
de que detrás nuestro venían sujetados Virginia y Javier… agarramos un
desmedido pozo y cuando les avisamos a ellos… ¡ya era tarde! Ambos se encontraban
empapados en tierra y con dos cañas quebradas por la mitad. Todos comenzamos a
reírnos sin darnos cuenta de lo que en verdad había pasado…
- ¿Se encuentran bien? – Pregunté.
- ¡Sí, Vani! – Me respondieron los
accidentados en medio de risas y tierra.
- ¡Bueno! Entonces sigamos que no
llegamos más.
Seguimos
viaje y en pocos minutos llegamos al lugar. Estuvimos una hora pescando porque
el viento ya era muy fuerte y frío, así que decidimos regresar a merendar. Y
así lo hicimos. Atamos nuevamente ambos vehículos y regresamos, sin ninguna
dificultad.
Al
llegar a casa guardamos rápidamente la moto para que mamá no se diera cuenta
que la habíamos usado y nos fuimos a bañar. Luego invitamos a otra prima a
merendar con nosotros y le contamos, entre carcajadas y lágrimas de tanta risa,
nuestra hazaña.
Eran
las seis y media de la tarde cuando llegó mamá. Todos nos hicimos los
distraídos para que no pregunte nada sobre la tarde de pesca y nuestras caras
de complicidad no nos delataron. ¡Nos salvamos!
Cuando
mi prima se estaba por ir, mamá la invitó a cenar junto a su familia para
celebrar las visitas bonaerenses.
A la
noche llegaron todos. ¡Nuestra casa estaba colmada de personas! Nos gustaba
mucho sentir tantas voces juntas, tanto olorcito a familia. Ese calor hogareño
era algo tan lindo, tan inexplicable… mamá nos pidió que ayudemos a acomodar
las sillas y que otros vayan a buscar la mesa al garaje, en donde se encontraba
la moto. Johana, Javier y yo optamos por quedarnos dentro de casa y acomodar
las sillas y mi otra prima junto a Vicky, se dirigieron al garaje.
Jamás
hubiese esperado una traición así… no sé si fue intencional o no. Pero me
dieron muchas ganas de hacerla desaparecer.
Cuando
regresan del garaje, escucho a mi prima que pregunta:
- Vani… ¿viste la luz de la moto?
- ¿Qué luz? ¿Qué moto? – Respondí
sin entender demasiado de qué hablaba.
- De la moto, ¿viste cómo la
rompiste?
Mi
mamá giró su cabeza y sentí que me irradió rayos “X” con su mirada. ¡No sabía
dónde meterme! Salió corriendo hacia el garaje y de allí se sentían sus gritos.
- ¡Dios mío, Oriana! No se te puede
contar nada.
- ¡Perdón! No fue mi intención –
respondió mi prima anonadada completamente.
El
demonio encarnado en mi mamá se acercaba hacia donde yo estaba… ¡lo presentí!
Se venía mi fin…
- ¡Te dije que no uses la moto!
¡Mirá si se golpeaban! – El demonio largaba humo por las orejas.
- ¡Perdón, ma! Es que había mucho
viento…
- ¡Perdón Vani!, yo no quise decir.
Pero yo puedo llevarle a mi papa la moto y el canasto de la bici. – Acotó mi
prima.
- ¿Qué canasto, Vanina? – Miedo. El
demonio se estaba ruborizando demasiado.
- ¿Qué canasto, Oriana? ¿Por qué no
te callas y te sentas a comer? – respondí.
Mi
prima lo único que hizo fue hundirme quince metros bajo tierra y mis
acompañantes de viaje no sabían si retirarse para poder reírse tranquilos o
defenderme… y optaron por la primer opción.
Esa noche nos quedamos sin “pijama party” y de
la furia del demonio… ¡no me salvé!
_________________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________________
Amarte bien
Ornella Cecchini
Era
el cumple de Vale y como todos los años, almorzábamos en su casa. Estábamos
todos… Por un lado Tomi, Nico, Manzana y Eric, el novio de Vale, era la primera
vez que nos juntábamos con él; sentados bien al frente de la tele, mirando el
canal de la música y charlando en voz baja. Por otro lado, Luli, Andre, Aye, Vani,
Juli y Vale, chusmeando entre ellas. Y en la punta de la mesa Meli y yo,
mirando a Feli, el perro de Vale que saltaba para tratar de subirse a la mesa.
TOMI:
¡Vale! Traé algo para comer que estoy cagado de hambre, recién salgo de
trabajar.
VALE:
Esperá Tomás que esté la comida.
AYE:
Vale, ¿necesitas ayuda en algo?
VALE:
Si quieren pongan la mesa y vayan acomodándose donde quieran.
MELI:
Yo me quedo acá en la punta, quiero escuchar un poco el ranking de la música.
En la otra que se siente Vale.
JULI:
Bueno mala onda, vinimos a charlar, no a ver tele.
MELI:
Si yo estoy acá hablando con Orne, pero también quiero escuchar música.
El ruido de la vajilla, sumado a
que cada rato se cruzaban las chicas que estaban poniendo la mesa, interrumpían
mi charla con Meli. Eso ya me había alterado y terminé de enloquecer en ese
bendito instante en que empieza a sonar el tema “Amarte bien” de Carlos Baute.
ORNE:
¡No! Que tema de mierda. ¡Lo odio!
MELI:
Yo también, ¡Amarte bien! ¡Amarte bien!
Me paré y me puse a bailar y a
hacer palmas descocadamente.
ORNE:
Parecen los evangelistas. ¡Amarte bien! ¡Amarte bien! ¡Aleluya!.
MELI:
¡Si! Ja ja ja . Que tarados.
Vale, desde la mesada, con las
manos llenas de harina, desesperadamente, nos hacía señas de que no siguiéramos
y yo no entendía.
ERIC:
Yo soy evangelista.
ORNE:
Uuuuy. Perdón, no te quisimos ofender, como a ustedes les gusta cantar y
celebrar…
No supe más que decir. El
silencio invadió la casa. Las miradas de todos estaban fijas sobre Meli y yo.
Después de eso no abrimos más la boca en todo el día.
_________________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________________
Milena Melgarejo
Lugar:
Reunión de amigas en casa de Belén
Personajes:
Carina
(Mamá de Belén)
Mayra
Belén
Milena
Vecino
(Todas
sentadas en ronda, tomando mates, a mi derecha, Mayra; y a mi izquierda, Belén)
- Milena: Ayer me contó que se vio
con un tipo que dejó el camión acá al frente ¡Ni si quiera lo conocía!
- Mayra: ¡Cómo te va a contar eso a
vos! ¿No se da cuenta que somos amigas de su hija?
- Milena: ¿Vos te pensás que a ella
le importa? Nooo. Si mirá cómo se hace la linda con el vecino.
- Mayra: Sí, por lo menos se
corriera un poquito más allá, donde no la vea Belén.
- Milena: ¡Encima fijate la
pollerita que tiene puesta! No tiene 15 años, tiene casi 40, se tendría que
ubicar.
(Mientras
tanto, observábamos de adentro a Carina, muy simpática, piropeando al vecino)
- Mayra: ¡Y la pupera! Ni yo las
uso, y eso que tengo 17 años.
(Cuando
quise contestarle a Mayra, en vez de girar para la derecha lo hice para el otro
lado, y le dije a Belén:)
- Milena: ¡Ay, cómo me enferma
cuando la Carina se hace la pendeja!
(Belén
se largó a reír pero yo no sabía dónde meterme)
- Belén: ¡A mí también me molesta,
pero yo no le doy bola!
Las
dos nos largamos a reír y siempre me cargan por esa metida de pata.
_________________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________________
Agostina Medina
Un
sábado por la tarde cruzábamos por la avenida y nos dirigíamos hacia un negocio
de ropa que, si mal no recuerdo, su nombre era “El Rojito”.
Cuando
entramos, buscábamos ropa para salir y el negocio estaba colmado de gente, lo
cual hacia que el lugar se sintiera sofocante.
En
un momento mi amiga Melina nos dijo:
Melina:
- Miren aquella chica que linda panza que tiene, debe estar embarazada.
Lucrecia
y yo seguimos viendo ropa y no le prestamos atención, ya que nuestra atención
se enfocaba en la ropa que queríamos comprarnos.
Cuando
la señora de panza linda se nos acerca, Melina, dice:
Melina:
-Que linda panza que tiene y que grande es. ¿De cuántos meses está?
Señora:
- No estoy embarazada nena, es así mi panza.
Melina:
- Disculpe, pensé que estaba embarazada.
No
termino la última palabra de su frase, que largamos las carcajadas que se
escucharon en todo el negocio y terminamos afuera del mismo, sin ropa, de la
vergüenza que habíamos pasado.
_________________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________________
Micaela Pereyra
Y
todo culpa de la primavera
A
mediados de septiembre y más cuando se acerca el día del estudiante, nosotros,
los adolescentes comenzamos a brotar como las flores y los frutos en plena
floración. Tenemos deseos de tirarnos en
el pasto a que el sol nos descongele del invierno cruel que hace unos días
nomás se fue, nos dan ganas de estar de vacaciones, salir a bailar, viajar,
tener algún amor de primavera…
Tradicionalmente
hacemos vigilia el día previo al 21, en el campo de una amiga, donde estamos
todos los compañeros y amigos de la escuela.
Pero
el pasado 21, falté.
- Chicas, me tienen que hacer un
favor. Les dije.
El
20 me voy a córdoba, Diego me invitó a su casa. Paso la noche allá y me quedo
hasta el 21 a la tardecita.
- Y con Cristian ¿cómo haces? me
dijo Tatiana.
- Él se va con sus amigos a
Pampayasta, yo me quedo con ustedes. Por él no se preocupen, el tema es si
llega a llamarlas mi vieja…
- ¿Qué le decimos? Dijo ella
empezando a reírse.
- Que yo estoy con ustedes. Ella
trabaja el 20 así que ese día ya está resuelto,
vuelve el 21 a la mañana. Yo le voy a mandar un mensaje diciéndole que estamos
en tu campo.
- ¿No irá a haber problema?. Dijo
Brenda pasándome el cigarrillo.
- En teoría, no.
- Qué bien la vas a pasar eh?
Y
nos reímos del plan, de la adrenalina y de los cuernos.
Los
días pasaron con total normalidad. La ropa entró bien en la mochila, la plata
me alcanzó para el pasaje de ida, el viaje en moto desde la terminal hasta el
barrio de Diego no fue tan violento, la comida era muy rica, los paseos de maravilla
y lo más importante era que todo estaba tranquilo en Oliva, mi celular no había
sonado en dos días.
Ya
en el viaje de vuelta apenas el colectivo pasó la barrera del peaje mi celular
marcó 13 llamadas perdidas de mamá y entendí que eso era la desgracia misma.
Los mensajes hacían sonar el teléfono a un ritmo tan escandaloso como la
desesperación que me agitaba a mí por dentro. Abrí el buzón de entrada donde
figuraba un mensaje de Tatiana y uno de Brenda; decían: “Miki, tu vieja nos
llamó porque tu celular no le daba. Nos preguntó por vos y tuvimos que
contarle.” “Llamá a tu vieja, boluda, está desesperada”.
Las
explicaciones a mis amigas se las iba a pedir después, lo importante ahora era
comunicarme con mi mamá y decirle que estaba viva y que no me matara al llegar.
No
tenía crédito en el celular y vi que el pasajero que estaba a mi lado no
dormía:
-disculpá,
necesito un favor. Tengo que comunicarme con mi mamá de urgencia. ¿Podrías
prestarme el celular para llamarla?
-sí,
claro. Me dijo muy amablemente.
Tomé
el celular con las manos transpiradas de miedo y marqué su número. El palpitar
del tono de llamada se mezclaba con mi arritmia y sentía en la garganta un nudo
de mucho algodón.
- Hola ma, soy Mi…
- ¡Pendeja de mierda! ¿Dónde estás?
¿De quién es ese celular? ¿Con quién estás Micaela? Me dijo entre insultos.
- de un pasajero me lo prestó porque
yo no tengo crédito. No se cómo se llama, no lo conozco. Estoy en Río Segundo,
en el Coata volviendo a casa. No me di cuenta y me tomé un local por eso tardo
tanto, pero ahora a las 8 ya estoy allá.
- Ya voy a esperarte a la terminal.
Me dijo y me cortó.
- Gracias. Le dije al pasajero.
- Suerte. Me contestó él imaginando
el episodio que vendría.
No
dije más nada y me senté resignada al destierro. Al despojo de mi celular y el
internet, y las salidas… encima en el mes de septiembre, con lo mucho que lo
esperamos.
Al
llegar a la terminal de Oliva, me asomé apenas por la ventana del colectivo y
vi a mi mamá sentada en el banquito blanco con la bicicleta al lado esperándome
con la cara irreconocible.
Bajé
del colectivo y vio que yo estaba bien. Agarró su bici y me dijo:
-Te vas a casa ya.
-
Esperá, mami, al menos llévame.
Y
sin hacerme caso subió a la bicicleta, se fue y me dejó caminando hasta casa.
Una
vez allí me quitó el celular, me cortó internet, me puso en penitencia por dos
meses y me mandó a acomodar mi habitación.
- Y si no te pegué una trompada
cuando bajaste del colectivo fue porque estaba tu suegra mirando desde la boletería.
Me dijo.
Exhalé
lentamente todo el aire y caminando por el largo pasillo hasta mi habitación me
di cuenta que otro problema había comenzado.
_________________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________________
Aunque se haya usado la seda, de
moda no queda
Marysol Nespolati
En
momentos donde el estudio está en tiempos de cólera, no se sabe si la cólera
recae sobre el estudio o sobre uno, que recibe constantemente invitaciones de
amigos para hacer cosas que no guardan relación alguna con la universidad y la
indignación que causa decir que no podemos, que tenemos que estudiar. Protocolar
y recursivo, siempre lo mismo. Y luego de explicar la cantidad de
responsabilidades, viene la parte en donde explicamos que nuestra carrera no es
como las suya y que uno tampoco es como ella, la irresponsabilidad no tiene
lugar frente a cualquier salida.
Pero
ese jueves íbamos a salir, luego de un parcial de gramática, que más que
gramática, era dramática porque no nos salía nada. Accedimos a salir, a la
resignación de hacer el parcial y de “hacer centro”. Un día totalmente atípico
para nosotras, porque a decir verdad, todo gira alrededor del estudio
constantemente y estas cosas, son privilegios que nos damos, de vez en cuando,
cada cantidad de parciales aprobados… una especie de premio. Un helado, un par
de conversaciones, con una compañera que estudia turismo.
Fuera
de la envidia, es insoportable escuchar que no estudian ni hacen nada y además,
¡viajan todo el tiempo! Tampoco envidia sana, envidia es envidia y listo. Pero
en este caso, bronca. Así que para atenuar las amarguras mías y de mis dos
compañeras nos abocamos a mirar vidrieras y no hablar de otra cosa que no sea
moda, aunque la moda nuestra era del año pasado aproximadamente, porque de
actualidad teníamos poca información. “No tenemos tiempo”, como respuesta a
todo, siempre. Estaría de más decir que mucha ropa para salir no tenemos, pero
sí muchos pijamas, uno para cada día podríamos decir. Mirábamos para ver qué
ponernos esa noche.
Una,
otra y otra vidriera, todo lo mismo. Lo único que variaban eran los precios:
- Ana: Yo no entiendo qué es lo que
hace que el precio cambie. La tela es la misma, el largo es el mismo, los
motivos son casi los mismos.
- Yo: Claro, es entendible en las
calzas, por ejemplo, o los calzados, pero en las remeras lo único que cambia es
que una es más horrible que otra. Igual todo bien, no sé qué hablo yo si la que
me compré es re parecida a esas. Lo que pasa que está en todos lados lo mismo,
esta moda de mierda… ¡Qué bizarra!
- Ana: Bueno, vos decís, pero dentro
de todo, las remeras son más discretas que las calzas.
- Yo: Los motivos son los mismos. Lo
que cambia es que, no es lo mismo tener una ensalada de fruta entre las tetas,
porque ni siquiera llegan a la panza, que tenerla en el medio de todo el culo
celulítico mío, está bien, yo paso a esa ridiculez. Total, para ese tipo de
exposición, se vienen las bikinis, no te explico el trauma psicológico al que
me estoy preparando.
- Mili: Volviendo al tema de la
ropa, lo peor es que es que hay algunas que pagan un montón por esa porquería,
por la marca en realidad.
- Ana: En la marca, puede ser que
haya diferencia de calidad, pero sigue siendo una cagada.
Y
así seguían nuestras bocas sucias pronunciando una barbaridad tras otra,
hablando del cuerpo, criticando a la moda. Sin notar que Maira, una tumba.
Cuando
cambiamos el tema de conversación al de sus viajes, todas las respuestas eran
muy ásperas y cortantes, filosas tanto como el de su silencio. Todo dolía, si
hablaba o si callaba, el ambiente estaba punzante por más que estábamos en
plena paz del aire libre. Sin dar con el objetivo, le preguntábamos
incesablemente qué le sucedía:
- Maira: Nada, me agarró el bajón no
tengo ganas de salir, nada más
- Ana: Pero ¿por qué no vas a salir?
Si nos venís invitando hace un mes…
- Mili: La vez que nosotras podemos…
¡Dale salí!
- Maira: Es que no sé qué ponerme
abajo, aparte hace mucho vengo saliendo ya.
- Yo: seguro que eso debe ser un
problemón… ¡Dale vamos!
Para
su desgracia, las mochilas las teníamos en su casa. Volvimos, y cuando nos
dirigimos a su habitación nos atrevimos con total confianza a revisar su
ropero, queríamos que saliera con nosotras cueste lo que cueste… Inclusive lo
que cueste nuestra vergüenza, porque para nuestra sorpresa, lo primero que
encontramos al abrirlo (y como para no verla) fue una calza fucsia con bananas
amarillas y ananás marrones, colgada en una percha con la etiqueta. No sabíamos
si morir por la torpeza que habíamos cometido o por lo que le había costado. Le
arruinamos el día.
-Maira:
Son unas forras boludas, no pueden ser así. Lloró.
Nosotras,
atónitas.
_________________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________________
Mariana Cattani
Hace
unos años viaje con mi amiga a Santa Rosa, cuando llegamos a la estación de
ómnibus, ya era muy de noche, entonces como no teníamos mucho dinero y teníamos
temor de salir a buscar un hotel que no sea muy caro, ya que nuestra amiga nos
avisó que no podía ir por nosotras, decidimos quedarnos a pasar la noche en la
estación. A medida que se hacía más noche nos fuimos quedando más solas, y
empezaron a llegar unos señores mayores de edad que vivían recolectando cosas.
Se dirigieron a mí y me preguntaron si había cenado y les dije que sí muchas
gracias, querían llevarnos a comer, pero le agradecí y nos quedamos.
Cual
sería nuestra sorpresa cuando a la media hora volvieron y nos ofrecieron unos
sándwiches, les dije que muchas gracias que era para ellos, pero insistieron y
se lo acepté, fue acto de solidaridad que nos emocionó mucho.
Pasaron
las horas y la verdad no estábamos ya muy convencidas de pasar allí la noche.
Suena mi teléfono
Mariana:
Hola.
Nerina:
Estoy en casa, tuve un inconveniente por eso no fui a recogerlas. Les paso la
dirección por mensaje, tómense un taxi yo se lo pago.
Evelyn:
¿Cómo vamos a saber si nos están llevando al lugar adecuado?
No
conocíamos bien el lugar por eso decidimos preguntarle a una señora que pasaba
hablando por teléfono, mi amiga le pregunto si nos podía orientar, nos dijo que
esperamos un momentito y al rato regresó.
Eran como la 1 de la mañana y en muy poco
tiempo llegamos a su departamento, nuestra amiga nos recibió muy bien y nos
ofreció de comer y compartimos con ellas el emparedado que nos ofrecieron en la
estación.
Esa
noche las cuatro nos acomodamos en una cama de 2 plazas, y cuando nos
disponíamos a dormir tocaron el timbre y ella se asustó y nos pidió que por
favor nos escondiéramos y nos quedamos en la terraza como una hora, se podía
escuchar a hombres y mujeres conversando y la verdad empezamos a sentir un poco
de temor, pensando cual había sido la necesidad de escondernos pero aguardamos
en silencio.
Evelyn:
Yo no puedo estar acá. Salió en dirección a la cocina y allí encontramos a un
grupo de amigos que habían venido para darnos una fiesta de bienvenida. Evelyn
sin querer arruino la sorpresa.
_________________________________________________________________________________
Julieta Domínguez
Ocurrió
en mi pueblo, para el día de la primavera y del estudiante, este mismo año. Con
mis amigas asistimos al evento que organizaba el IPEM 172 al que concurrió
mucha gente y donde nos encontramos con ex compañeros.
Nerea:
¡Ay, chicas, miren!
Alicia:
¿Qué cosa, boluda?
Jeni:
Ah, ya sé que estás viendo. –Sonrisa-
Yo:
Ay, no me doy cuenta. ¿Qué pasa, negra?
-Largo
suspenso, todas mirábamos a Nerea y tratábamos de ver hacia donde ella miraba-
Nere:
Miren. Allá, delante de esa mujer de pelo rubio y remera rayada, está la Eli.
Yo:
Sigue igual que siempre. Re machona.
Alicia:
Y sí, toda despatarrada, como siempre la Alicia. –Carcajada-
Jeni:
¡Jajajaj, pobre! Vieron que todavía sube las fotos de la promoción. Encimas son
siempre las mismas. Se quedó en el tiempo.
Yo:
Miren lo que hace ahora. Se colgó el bombo del sobrino y toca. Jajaj. De mal a
peor.
Nere:
¡Ay, chicas, pero mírenla! ¿No notan algo raro?
Yo:
¡Nooo! No puede ser, ya me di cuenta. ¿Pero cómo?
Alicia:
Está embarazada. Bah, tiene una pancita dudosa. A parte es re flaquita, se le
re nota.
Jeni:
¡Na! ¿Y de quién será? Ay, nunca me lo hubiera imaginado de ella.
Yo:
Mirá la Eli, tan calladita. ¿Quién iba a decir?
Nere:
¿Pero estará?
Alicia:
Sí. Para mí, sí.
-Pasan
algunos días y Alicia se encuentra con la mamá de Eli en el lugar en el que
trabaja. La saluda y la felicita por el embarazo de su hija. La madre con cara
horrible y de manera cortante, le dice que Eliana no está embarazada y se
retira del lugar ofendida. Alicia nos relata esto y nosotras seguimos dudando.-
Yo:
Chicas ¿vieron lo que puso el hermano de Eliana ayer en Facebook?
Jeni:
¡No, ¿qué puso?!
Yo:
Puso: “Voy a ser tío”. Y en los comentarios le preguntaban de quién y él dijo
“de la nena que espera Eli”. Otros comentarios decían que no sabían nada, que
por qué no había dicho. Y él le respondía que ellos tampoco sabían.
Jeni:
Se ve que ella no dijo nada, con razón. Ya le cuento a la Ali por whatsApp,
después del metidón de pata que se mandó. Qué raro esta Alicia, no aprende más.
-Al
día siguiente, cuando me despierto y agarro mi celular, entro al Facebook y me
encuentro con una publicación del hermano de Eliana en donde ponía: “Ya nació”.
Me quedé muda. Tras esto, me llega un mensaje de Nerea contando la noticia en
el grupo de Whats. Había nacido antes de tiempo la nenita. Y Eliana lo había
ocultado.-
Yo:
No lo puedo creer. ¿Por qué no habrá dicho nada?
Ali:
Vaya a saber. Pobre Eli. ¿Le habrá comprado algo en este tiempo?
Jeni:
Bueno. Por lo menos parece que la familia se lo tomó bien.
Nere:
Sí, pero quién será el papá. Es re raro de la Eli. Nunca supimos de un novio ni
nada, eso que hace de Jardín que la conocemos.
_________________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________________
Florencia Andrighetti
Encubridora
- ¿Nos dividimos los temas?
- ¡Sí, sino no llegamos!
Siempre
nos decíamos lo mismo, pero la mañana anterior a la prueba, todo era distinto,
igual que aquella vez…
- Flor, a las 8 de la mañana te
espero a estudiar en casa.
- A las 8 en punto, Pau. ¡No te
quedés dormida eh!
Y…
10 y media sonó el timbre de Pau.
- ¡Me quedé dormida bola! - dije
riendo.
- Te mato – contestó, también con
cara de dormida.
- Nos hagamos machetes sino no
llegamos.
- Vos macheteate tu parte, yo la
mía.
Y así
fue. Paula y yo siempre hacíamos lo mismo. Pero esa mañana fue un poquito
distinto. La música fuerte, las dos en la mesa copiando en mínimos papelitos
los textos de Marketing para la prueba. Hasta que la puerta de entrada se
abrió.
- ¡Hola chicas!
- Hola – dijimos con miedo,
escondiendo los papelitos.
Pero
las mamás siempre leen los ojos.
- ¿Se puede saber qué es lo que
hacen?
- ¡Y bueno mamá, no nos sale nada!
- ¡Me extraña de ustedes!
Una
mirada cómplice nos encontró a las dos. Paula sonrío un poquito, y yo reí.
Cuando nos dimos cuenta estábamos tentadas de risa, las tres.
- Es por esta vez mamá.
- Me imagino, seguro es la primera
vez que se los hacen. Flor, tu mamá no debe saber que te macheteás.
- Por eso los hacemos acá – dije
todavía riendo a carcajadas.
- Por esta vez, nada más. Si el
Profe se entera se joden ustedes. Y estoy muy enojada.
- Prometido.
Cinco
minutos más tarde, Norma escribía pequeñísimos papelitos para meter en nuestras
cartucheras.
_________________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________________
Tragicomedia
Evelyn Oliva
La
medianoche se acercaba, era hora de acostarse, allí estábamos mi amiga Belén y
yo. Haciendo una especie de “pijama party” en la casa de mi abuela.
Entramos
sutilmente, veníamos de dar una vuelta, nos dirigimos a la pieza y nos pusimos
a charlar.
Belén:
¡Contame como te fue!, ¿Alguna novedad?
-Mmmm
NO- Le respondí y desatamos juntas una inconsciente carcajada. Teníamos códigos
y cómplices miradas.
A
esta altura, la luz todavía seguía prendida, junto con el televisor.
“Apagá
la tele” sugirió mi amiga. Sin mediar palabra me pare y lo desenchufé
directamente. PFFFFFFFFFF, se sitió de repente.
“Eve,
Eveeee ¿qué te pasó?”, sentía a lo lejos que me preguntaba Belén. Muy asustada
corrió a llamar a mis abuelos “Le agarró corriente, está tirada en el piso”
decía entre gritos y lágrimas. Todos corrieron a socorrerme. Mi abuelo, primero
cortó la luz, fue hasta la pieza y me dijo “Querida, ¿estás bien?, ¿Qué paso?,
¿Cómo haces una cosa así?, yo me pare sin ningún tipo de dolencia y regrese a la
cama. Todos miraban asombrados… Lo que no entendían era que solo había sido un
simple desmayo y no cómo decía mi amiga “una gran electrocutación”.
Aún
hoy, recordamos entre risas y llantos aquel tragicómico episodio, el apuro que
sintió mi amiga al tener que despertar a mis abuelos a los gritos y el nuevo
término acuñado “gran electrocutación” que la acompañara hasta el fin de
nuestros días.
_________________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________________
Corina Meichtri
Nos
encontrábamos un viernes en la materia Taller de Comprensión de textos,
conversando durante el recreo que la profesora nos había permitido. No recuerdo
por qué motivo surgió el tema de las fechas de cumpleaños y con la compañera
que tenía a mi derecha descubrimos que el nuestro difería solo por un día y la
que se encontraba a mi izquierda comentó que el de ella sería en pocos días.
Por lo que mi amiga de la derecha le preguntó:
- ¿Y cuántos cumplís? ¿veintitrés?
- No, no… cumplo diecinueve
(respondió)
- ¡Dale, no nos mientas y decinos
bien cuantos cumplís! (exclamó la primera)
- Cumplo diecinueve de verdad.
- ¡Mentira! Qué vas a cumplir
diecinueve, vos más de veinte tenés seguro…
- No Ago, te está diciendo la
verdad, cumple diecinueve (intervine yo al darme cuenta de lo que estaba
ocurriendo)
- Si ya se, solo estaba haciendo un
chiste (exclamó Ago al percatarse de la expresión de mi cara y de que la estaba
pateando por debajo del banco)
Cuando
quedamos solas dentro del aula con Ago, me dijo que ella había dicho veintitrés
pero que realmente le daba más de veinticinco años por el aspecto de la misma.
A lo que yo le contesté, completamente tentada, que a veces es preferible
guardarse las impresiones propias para no generar este tipo de situaciones incómodas.
_________________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________________
Ayelén Altamirano
Todo
comenzó cuando Juli y Caro dieron a conocer que estaban embarazadas. Un baby shower resultaría
la mejor forma de festejar la alegría de esas dos personas
maravillosas que tras largo tiempo de
espera y fracasos pudieron llegar a cumplir su más grande sueño. El tiempo
juntas que compartimos son momentos de
experiencias y puntos de vista diferentes ya que en el grupo hay una gama
variada de edades.
Fue
una tarde de domingo cuando en una juntada en casa de Gabriela, acompañada de
mates, tortas y risas, Caro y Juli nos dieron la noticia. Ninguna de las dos
sabía que la otra estaba embarazada y el resto del grupo tampoco se imaginó que
las dos lo estuvieran. Abrazos, risas,
lagrimas, felicitaciones fue lo que abundaba.
Y así fue como un tema más, los bebés, se integró en las charlas de los
domingos.
La
exaltación de las dos futuras mamás al pasar los meses generaba la exaltación
de las futuras tías postizas. Por esa
razón tras enterarnos del sexo de los bebés decidimos organizarles un baby
shower. Gabi se encargaba de los invitados, Pato de la comida y yo de la decoración
rosa y azul del lugar. El día de los
festejos fue un sábado por la tarde, era obvio que Caro y Juli no estaban
enteradas de nuestros planes. El sábado a la mañana comencé a decorar el
quincho de Gabi, una combinación de rosas y azules generaban un ambiente lleno
de expectativas. Había carteles azules y
rosas con los nombres de las mamás y bebés. A las cuatro estaba casi todo
listo, la comida, decoración y llegada de invitados. La comida abundaba, típico
de Pato, aunque fuera una reunión íntima y sencilla. Cuatro y medio o cinco
menos cuatro era la hora planteada para la llegada de las mamás. Gabi, además
era la encargada de inventar una mentira y hacer que esa tarde las mamás la
tuvieran libre y pudieran asistir a sus festejos.
Caro
iba a ser mamá de María Luz y Juli de Franco. A las cuatro y cuarto ya con los
invitados dentro del quincho, se me acerca la tía de Juli y me dice:
- Los carteles están mal. Juli va a tener una
nena y Gabi un varón.
-No,
señora, usted está equivocada.
-No,
usted lo está señorita. Cómo no voy a saber yo, que soy la tía, qué es lo que
va a tener mi sobrina.
En
ese momento mis nervios florecieron y la gran intriga crecía, faltando poco
para la llegada de las mamás. Se me ocurrió llamar a los papás, pero ninguno de
los dos me contestaba el teléfono. Pato y Gabi no estaban y las abuelas aún no
habían llegado. Qué hago, a quién llamo. Empecé a sacar los carteles y hacer
uno nuevos, pero los viejos no desaparecieron, por las dudas. Tuve la suerte de
que me había sobrado papel. Cuatro y
media llegó Pato y me termino de ayudar a hacer los carteles, ella también
estaba en duda de quién iba a ser la mamá de María Luz y Franco, las cosas se
habían dado tan rápido y era tanta la emoción y los temas de bebes que estábamos
confundidas. Gabi de seguro tenía que saber, pero estaba con las futuras mamás.
La llegada de las abuelas fue lo que nos tenía que sacar de la duda, pero éstas
no llegaban. La solución fue no colocar
carteles. Cuatro menos veinte llegaró Gabi junto a Caro, Juli y las abuelas.
Los invitados comenzaron a saludarlas y en ese momento me acerque a Gabi y le
pregunte quién era la que iba a tener una nena y quién un varón. Y resultó
que a tía de Juli tenía razón.
El imperfecto de esa tarde se sumarías a una
experiencia más para contar en las tardes de juntadas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario